La meningitis es una enfermedad que puede progresar en cuestión de horas. Conocer sus síntomas y actuar rápido es la diferencia entre la vida y la muerte o secuelas permanentes. Aquí te explicamos qué es, por qué ocurre y cómo protegerte.
¿Qué es?
La meningitis es una infección grave que inflama las membranas protectoras, conocidas como meninges, que rodean el cerebro y la médula espinal. Esta inflamación puede ser causada principalmente por virus o bacterias, siendo la meningitis bacteriana la más peligrosa y de evolución más rápida.
Síntomas: reconócelos a tiempo
Los síntomas pueden aparecer de repente y empeorar muy rápido. En adultos y niños, los más comunes son:
- Fiebre alta y repentina.
- Dolor de cabeza intenso y constante, que no se parece a un dolor de cabeza común.
- Rigidez en el cuello, con incapacidad para tocar el mentón con el pecho.
- Náuseas y vómitos.
- Molestia con la luz brillante, conocida como fotofobia.
- Confusión mental o dificultad para despertarse.
- Sarpullido: en algunos tipos, como la meningocócica, puede aparecer una erupción de manchas rojas o moradas que no desaparecen al presionarlas con un vaso, lo que se conoce como prueba del vaso. Esto es una emergencia.
En bebés, los síntomas pueden ser diferentes:
- Llanto agudo o quejumbroso constante.
- Irritabilidad o somnolencia excesiva.
- Vómitos en proyectil.
- Rechazo al alimento.
- Fontanela, también llamada mollera, abultada o tensa.
- Rigidez en el cuerpo o, por el contrario, cuerpo lacio como un muñeco de trapo.
Ante la presencia de fiebre junto con dolor de cabeza intenso y rigidez en el cuello, se debe buscar atención médica de urgencia de inmediato.
Causas: ¿cómo se contrae?
La meningitis no se contagia por el aire a larga distancia. Se transmite por contacto muy cercano con secreciones respiratorias o de garganta de una persona infectada, es decir, de persona a persona. Esto incluye:
- Vivir en la misma casa.
- Compartir utensilios, vasos, cepillos de dientes o cigarrillos.
- Besos o contacto directo con la saliva.
- Estar en lugares muy concurridos por tiempo prolongado, como residencias estudiantiles o cuarteles.
Las principales causas son:
- Bacterianas: son las más graves, como el meningococo o el neumococo. Requieren tratamiento hospitalario inmediato con antibióticos.
- Virales: generalmente son más leves y la mayoría de los pacientes se recuperan sin tratamiento específico.
Consecuencias: más allá de la infección
Cuando no se trata a tiempo, la meningitis bacteriana puede dejar secuelas devastadoras e irreversibles:
- Pérdida de la audición, como sordera, o de la visión.
- Daño cerebral, que puede incluir problemas de aprendizaje, retraso en el desarrollo o parálisis cerebral.
- Amputaciones: la infección, conocida como sepsis meningocócica, puede causar gangrena en extremidades, requiriendo la amputación de dedos, pies o brazos.
- Problemas de memoria y convulsiones recurrentes, como epilepsia.
- En el peor de los casos, puede causar la muerte en cuestión de horas si no se recibe atención médica.
Prevención: la mejor arma
- Vacunación: es la medida más efectiva. Existen vacunas seguras y eficaces contra los principales tipos de meningitis bacteriana, como meningococo, neumococo y haemophilus influenzae tipo b. Revisa tu cartilla de vacunación y la de tus hijos y asegúrate de tener las dosis correspondientes.
- Higiene: lávate las manos frecuentemente. No compartas objetos personales como vasos, cubiertos o cepillos de dientes.
- Evita el contacto cercano con personas enfermas.
- Ventila los espacios cerrados.


